El perdón se gana.
Javier Arenas, presidente del PP andaluz, ha vuelto abrir el debate de la cadena perpetua en España aprovechando el primer aniversario de la muerte de Marta del Castillo.
Alejándonos del ámbito político y dejando aparte el oportunismo del PP y su “demagogia evidente y su populismo barato” como dice el PSOE, me gustaría, ante todo, introducirme en el ámbito ético y moral.
Como todos sabemos ya, la cadena perpetua contempla la posibilidad de que se condene a una persona de por vida a la cárcel, siempre por delitos mayores.
Las personas que estén rotundamente en contra de esta ley se preguntarán que quiénes somos nosotros para no dar una segunda oportunidad, que si la prisión, tiene siempre un carácter de reinserción. Y es que en parte, tienen razón.
“Nosotros no somos nadie para condenar a una persona de por vida”.El asesino tampoco es nadie para quitar una vida y destrozar a toda una familia.
“La cárcel siempre tiene un objetivo, la reinserción.” Nadie niega la reinserción de un ladrón, de un drogadicto e incluso de un violador o de un asesino que estén completamente rehabilitados, claro está después de cumplir sus correspondientes penas. Pero la cuestión es otra. ¿Puede rehabilitarse una persona que sin querer maté a su mujer de 22 puñaladas, un terrorista que mate a 3 personas o un violador reincidente?
Uno de los ejemplos más claros es el del “Rafita”, acusado de la muerte y violación de Sandra Palo cuando era menor de edad y, ahora libre, sigue delinquiendo.
La cadena perpetua es una medida drástica y en España anticonstitucional, pero si podemos modificar la constitución para que reine una reina, podemos cambiarla para aprobar esta ley.
Gaspar Llamazares dice que esta propuesta es descabellada ya que el código penal español es durísimo. Sería durísimo si las penas se cumplieran íntegras, ya que 20 años en la cárcel pueden ser 5 o incluso 2.
En definitiva, para mí, una persona que quita una vida o viola a alguien, arruinando sus familias y la de las víctimas, no merece ver la luz del sol, al igual que no la ven sus víctimas.


